A veces me pregunto por qué no puedo convertirme en un ser conformista, que sea feliz con lo poco que tiene, alguien menos caprichoso, que pueda desear menos y anhelar el alcance de metas más viables. En épocas de pérdida, como la actual, no hay segundo en mi vida en el que pueda dejar de pensar en lo que tuve y perdí. En lo que tuve y perdí, jamás recuperable, nunca reemplazable, desearía detener mi corazón que late por lo que desea, por más ridículo que este deseo suene para la mente. Y ésta, siempre indetenible, no deja de martillear mi existencia con pensamientos, uno tras otro, incesantes, alimentados aquellos por los latidos de mi inconforme corazón. Entre lágrimas me preguntaba, unos minutos atrás ¿por qué a veces deseo estar muerto?, ¿por qué si a veces deseo estar muerto, cuando estoy vivo sigo exigiéndome, continúo albergando la esperanza de ser feliz?, ¿por qué no puedo simplemente aceptar que estoy muerto en vida?, ¿acaso la vida y la muerte son tan incompatibles?, ¿n...