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Suicidal

Traté de tomar tu mano, lo juro… pero de todas formas era lo que deseabas ¿No? Nadie sube al piso número trece de un edificio de apartamentos y se queda abstraído observando el vacío peligrosamente sentado en el borde entre la nada y el edificio. Te encontrabas a la vista de todos los vecinos curiosos que te miraban desde abajo en las calles, al igual que los conductores de automóviles y los simples transeúntes que por allí caminaban en un momento más interesante de lo que suele ser.

Esa noche yo había aprovechado aquellos momentos justo a la caída del sol para salir de mi apartamento, ya la alacena estaba algo vacía puesto que tú eras demasiado antojadizo y constantemente agarrabas esto o aquello de entre nuestros suministros y te lanzabas a uno de los cómodos sillones aterciopelados negros que están en mi sala principal, para luego encender la televisión, colocar una película de acción o de romance y comenzar a comer burdamente a la vez que te desconectabas del mundo exterior, dejando de percibir el entorno y a mí junto con él.

La noche fatídica salí de compras, sí, aunque yo no supiese a la perfección que alimentos eran buenos y exquisitos, recordaba con detalle las cosas que tomabas con más frecuencia como aperitivos de media tarde y los olores que más alimentaban el aire del lujoso apartamento cuando te disponías a cocinar. Cada vez que regresaba de comprar el menú para ti era más personalizado y para nada carente de fineza, más aún si se comparaba con el de la semana anterior.

Y según lo que decían algunos de tus amigos que nos visitaban eras un excelente cocinero ¿Por qué nunca te dedicaste a trabajar en algún elegante restaurante como chef? Lo sé, mi culpa, si nunca te hubiese rescatado de las pérfidas garras del mundo tendrías trabajo, te esforzarías cada día para conseguir un lugar decente donde vivir con la meta de conseguir un departamento como el mío y probablemente aún conservarías tu vida, y no estuvieses desperdigado por la calle del frente del edificio en el cual vivías junto a mí.

Te regañé con constancia, diciéndote que hicieras algo aparte de estar escribiendo estupideces en tus cuadernos, lo peor es que no eran tonterías ni mucho menos… tus escritos eran realmente cautivadores, muy realistas y poco fantasiosos, en algunos casos me causaban punzadas de dolor y en otras pocas ocasiones chispazos de alegría que luego desaparecían entre mis pensamientos que tendían a la profundidad disconforme y melancólica.

Algunas veces me obedecías y salías de la protección de mis recintos con tus conocidos, se dirigían a discos y bares donde colocaban música de mal gusto salvo en contadas circunstancias e iniciaban aquellas danzas, que parecían rituales de cortejo sin importar la distinción del sexo, actos más dignos de animales que de mortales con inteligencia. Pero bueno, cuando me aburría excesivamente te seguía a escondidas y lograba observar todas esas aberraciones de la sociedad… no, los tiempos no cambian ya que en todo momento el mundo había sido así, pero era simplemente diferente, la tecnología no debió nacer para ayudar a crear esos impactantemente horrorosos acordes musicales.

A pesar de eso algunas veces les acompañaba por mi propia voluntad y me quedaba sentado o recostado a una pared, con los brazos cruzados, aspirando el aroma de los humanos que al bailar despedían una esencia deleitante, del más puro rastro del carmesí líquido vital que corría por sus venas. Yo procuraba no expresar el placer que ese ambiente le causaba a mis sentidos, así que solo me mantenía con mi verde mirar en algún punto, de seguro lucía algo ceñudo con mis cejas y el largo cabello rojo que enmarcaban mi rostro, las personas me miraban con descaro más no era de extrañarse porque a decir verdad siempre he lucido algo extravagante. Para cualquier época en la que haya decidido mostrarme frente a la gente como uno más de ellos.

Y así pasó tu vida frente a… mis ojos, cuando te vi arriba del edificio tiré las bolsas de compras en el espacio de césped entre ambas vías de la autopista y me moví a velocidades indetectables hasta llegar a tu lado en la cumbre de aquella construcción de cemento, coloqué mi mano en uno de tus hombros mientras que te miré sonriendo, tú te volteaste y sonreíste también mientras que decías algo como “Es mi decisión, no me salves” y seguidamente te dejaste caer por tu propio peso hacia donde no debía ser, el vacío, extendí mi mano y traté de tomar la tuya pero la contrajiste contra tu propio pecho en la caída y yo simplemente observé impotente. No planeaba hacer una escena.

Traté de tomar tu mano, lo juro… pero de todas formas era lo que deseabas.

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