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Travesura

-¿A dónde vamos?- preguntó con una voz suave y me miró con una mirada completamente contraria a lo que su voz demostraba, aún así se podía detectar inocencia en lo profundo de su expresión.

-Al cementerio, ya se lo había dicho ¿Acaso le da miedo ir en la noche?- negó rotundamente con un movimiento de su rostro, que hizo que su negro cabello se moviera agraciadamente hacia los lados y tapara un poco uno de sus ojos. Luego retiró los cabellos que impedían la completa visibilidad con una de sus manos y una sonrisa interna que apenas yo pude percibir.

Ya habían pasado unas cuatro horas desde que cayó la noche, el momento en el que el ambiente está más oscuro que en cualquier instante del día, aún así se podía detectar fácilmente la presencia de una luna casi llena pintada en el firmamento sin estrellas, ya que las nubes las tapaban. Pero aún así la luna, como que si tuviera tanta presencia como para ser profanada por las nubes, se mantenía imponente.

Mi acompañante me observaba demasiado obsesivamente, al punto en el que pensé que sería mejor que tomara su mano antes de que se tropezara y así lo hice, su mano estaba completamente helada, me agradaba la sensación que transmitía tocar su piel fría. Le sonreí mientras que tomando firmemente su mano me topé con el portón cerrado del cementerio de frente.

-Tendremos que entrar por otra parte- solté su mano y la coloqué en una fría barra de metal que se encontraba un poco más arriba de la pared de cemento que nos impedía entrar, tomando algo de impulso salté hasta subirme encima del adorno metálico. Miré a mí alrededor, más mi acompañante no estaba: resultó ser que ya estaba del otro lado, dentro de los campos del cementerio. ¿Cómo lo hizo? Bueno, no preguntaría. Salté hacia dentro del lugar y me encaminé hacia la otra figura familiar que me esperaba contemplándolo todo a su alrededor con fascinación.

-¿Cómo llegó hasta acá?- rompí mi promesa, no pude evitar sentir una extrema curiosidad.

-Salté- me sonrió con ironía, al fin y al cabo no era necesario cuidarle como lo había estado haciendo toda la jornada, que idiota me sentí. Pero me agrada cuidar de las personas cuando les tengo cariño así que seguiría comportándome estúpidamente igual.

Otra persona en el cementerio, pude percibir su estadía por culpa de una sombra que se generó donde se supone no había nada. Corrí hacia donde estaba mi camarada y le tomé de media manga de su camisa llevándole conmigo hasta llegar a una especie de capilla fúnebre, donde nos escondimos quedándonos sentados incómodamente en el suelo, bastante cerca el uno del otro.

-Debe ser el que cuida del cementerio, fue descuidado pensar que no habrían vivos por estos lugares- ambos nos reímos, procurando no permitir que fueran risas muy sonoras y luego aprovechándome de la situación me acerqué a mi compañía, le tomé con algo de brusquedad de la camisa acercándole más aún y le di un profundo beso entre algo de risas. Era lo que quería desde hace tiempos, un capricho extraño, pero al menos lo llevé a cabo.

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