Toda la noche he pensado en vos, como siempre ocurre cuando festejo en mi casa, por cualquier razón, y obviando, lo visiblemente obvio: las drogas involucradas. El pensamiento recurrente, necio, que solamente el ácido me puede proveer. La necesidad constante de atender a aquella lejana, pero reciente, línea de pensamiento que ignoré mil veces por distraerme en la conversación. En la percepción extraña del mundo, en la música del guitarrista que terminó de casualidad en mi casa, amigo de un amigo.
Todas estas distracciones ante mí, sin embargo, el pensamiento siempre vuelve, aunque se entremezcle con otros: es la primera vez que escribo en ácido. ¡Hace tanto tiempo quería hacerlo! Pero nunca propicié las circunstancias o me di a la tarea de simplemente sentarme y hacerlo. Hasta hoy. ¡Y estoy feliz!. Pero bueno, me distraje, de nuevo, al menos esta vez con mis propias líneas de pensamiento. De acuerdo, sí, sí. ¡La idea recurrente!
Trataba de vos, como siempre, porque aparentemente la frase de "Con una mujer se pueden hacer tres cosas: amarla, extrañarla, o convertirla en literatura" aplica también para hombres "Con un hombre se pueden hacer tres cosas...", o "Con una persona (amada) se pueden hacer tres cosas...". You know the drill.
En una de mis recurrentes visitas a "verme al espejo" estando en estados alterados de la conciencia, decidí (o no) regalarme unas cuantas expresiones faciales, según yo controladas. Hasta que una se coló de la nada y me hizo recordar demasiadas cosas, todas relacionadas con vos. ¿Sabés lo doloroso que es que hasta tus propias expresiones faciales, las tuyas, PROPIAS, te recuerden a alguien más? Pues bueno. Yo sé lo doloroso que es. La expresión en cuestión carece de importancia, lo importante es que pasé de un rostro alegre a uno de llanto casi de inmediato, y no podía quitármelo de la cara, y entre más trataba, más recordaba. Acá vivía él, sus dos gatos. Éramos 6. Ahora ya no está y somos sólo 3. E igual te gusta, ser tres y no seis. Pero eso ocurrió, viviste una vida por un breve lapso de 4 años que pensaste iba a ser tu vida por el resto de tus días.
Pero fue un sueño de toda una vida que nació, creció y se consumió en tan sólo 4 años.
Y ahora me levanto acá, aún con los efectos de las drogas martilléandome el cerebro, con personas a mi lado, creando arte en la misma sala de mi casa, inundando el lugar con una belleza indescriptible, sonora, que se fusiona con la tenue luz del sol atravesando la cortina roja, de la pared roja, ¿recordás? La de la sala, no la de cuando lleguemos a estar viejitos, tras años de estar juntos y digamos: "¿Te acordás de la pared roja de nuestra primera casa?" Bueno, no esa pared, ¡LA OTRA!
Y bueno, la música, el arte en mi propia sala, de personas que la vida me ha puesto en el camino y de quienes he pensado "Espero que podamos recorrer bastante camino juntos antes de que alguno de los dos tenga que partir". Con esperanza de que el camino sea largo, pero sin la ilusión de que el camino siempre vaya a ser el mismo: Los caminos nunca son el mismo para dos personas que pisen esta tierra. Fue difícil entenderlo, pero lo entendí.
Me gusta la vida que llevo, levantarse un domingo, y digo levantarse como eufemismo, porque nadie ha dormido desde hace mucho acá. Con una guitarra hermosísima sonando en vivo, y poder cantar Black de Pearl Jam con un café al lado. Suena verdaderamente envidiable. ¡Amo la vida que llevo!
Aunque de vez en cuando, en ocasiones como ésta, recuerde las vidas que llevé.
Como decía el gran Moffat, que ambos nos cautivó en su momento: "We're all different people all through our lives. And that's OK, that's good, you gotta keep moving, so long as you remember all the people that you used to be.”
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