Desperté esta mañana y él dormía a mi lado, en medio de la somnolencia recordé haber escuchado
palabras dulces procedientes de sus labios. Y creo, solamente creo, que se las respondí, pero no fui yo enteramente quien lo hizo, estaba profundamente dormida.
Recuerdo haber tomado su mano con la mía, llevándola hasta mi pecho, con la intención de que él pudiese sentir el palpitar acelerado de mi corazón. Deseando que estuviese consciente del efecto que sus palabras suelen causar en mí de inmediato. Le susurré un par de frases tiernas, de esas que tanto me cuesta pronunciar, y caí en el profundo
sueño una vez más.
Cada vez que las palabras se me atoran en la garganta siento un leve punzonazo de ira: ¿por qué me sucede esto?, si siento tanto, tantísimo ¿por qué puedo expresar tan poco? Tan sólo me quedo mirando profundamente a sus ojos, sintiendo con la intensidad del fuego vivo, mas la llama está atrapada en una celda helada, silenciosa, que no deja que escape para consumir todo a mi alrededor.
"Mejor así, mejor", me digo a mi misma para consolarme. Pero la realidad es que es inevitable, mis labios han estado tanto tiempo en silencio que ya olvidaron
cómo articular.
Si una nota escapa de ellos siempre estará acompañada de la inevitable humedad en mis mejillas.
Esa humedad de la que ya él fue testigo, con su abrazo, su beso y sus palabras poco a poco ha ido derritiendo aquella celda detestable en la que yo misma encerré mis sentimientos.
Y así, poco a poco, son libres...
Me queda de consuelo que si no logran escaparse de mi boca, al menos son capaces de apoderarse de mis manos y transmitirse como palabra escrita. Y heme aquí escribiendo, rindiéndome ante lo que siento, confesando el estado de vulnerabilidad en el que me he posicionado, sin importar las consecuencias.
Es bien sabido, al descubrir mi corazón será más fácil apuñalarlo, no soy tan inocente para confiar en los demás, pero una locura se ha apoderado de mí y la posibilidad de salir herida terminó convirtiéndose en una nimiedad descartable.
Me juré tantas veces a mi misma que mi alma nunca más reconocería estos sentimientos, siento que me traiciono, pero me encanta traicionarme, aunque odie tanto el caos, el caos está en mí, y se ha apoderado por completo.
Porque lo amo, sí, lo amo, sueño con él durante las noches, esté en sus brazos o no. Adoro estar a su lado, tener aventuras con él, fantasear con posibles aventuras futuras, adoro extrañarlo, adoro escuchar las palabras tiernas a mi oído e inclusive adoro mi frustración al no poder expresarle lo que pienso.
Lo envidio por poder expresarse con tanta soltura ante mí, mientras me sostiene en sus brazos y me susurra al oído.
No sé qué esperar de esto: prefiero no esperar nada, la blanca bandera está en alto y me declaro enamorada, por más que a una parte mía le parezca extraño y opine que no fui creada para sentir tales cosas.
En instantes como este deseo borrar todo lo que he escrito en la última media hora e ignorar que en algún momento tales palabras existieron, pero resistiré el impulso. Lo resistiré porque otras fuerzas más poderosas me controlan y me impiden encerrarme en la coraza protectora en la que he estado atrapada por años.
No sé qué haría él al leer todo esto, fantaseo con simplemente dejarle una carta bajo su almohada y
desvanecerme rápidamente para no observar su reacción. Aunque me encante su rostro y las diversas expresiones que se dibujan en el mismo.
Odio esta carta, de verdad la odio, no puede ni pretenderse literaria porque no parece más que las
divagaciones de una quinceañera enamorada ¡pero así me siento!
Él me inspira a ser mejor, me inspira a ser una persona más fuerte, digna de luchar a su lado contra las adversidades de la vida. Demonios, ¡qué no haría a su lado! mi mente se libró de los límites, del aburrimiento y del pesimismo en cuestión de dos meses.
Si antes me sentía fuerte, si antes mis límites eran casi inalcanzables, ahora auténticamente siento que todo es posible, sin la más mínima sombra de duda, sin la necesidad de convencerme a mi misma de que el mantra de mis pensamientos es auténtico y Verdadero.
Y yo sé que todo esto no es más que una locura. Una demencia que dejaré se extienda todo lo que desee.
"There is always some madness in love. But there is also always some reason in madness."
Y bajo esta frase, justifico mi estado, para complacer mi racionalidad. Permitiéndome así sentir con libertad.
___________________________________________
"Su corazón palpitó tres veces, y tres veces fue suficiente.
El mundo no se detuvo un instante; no se congeló un segundo,
como los trovadores de antaño profesaban. Se detuvo por tres.
Su corazón estuvo dispuesto a escapar durante tres segundos,
y cuando el tercer sofocante trepidar acabó, el mundo entero ya no importaba más.
Porque ahí estaba ella, entre una danza de mariposas, más hermosa que todas ellas.
Hermosa desde los pies hasta el alma. Ahí estaba ella, a los ojos del mundo y oculta de todos.
Pero no se pudo ocultar de él. Este era el hombre que mataría dragones sin titubear
y navegaría al fin del mundo sin mirar atrás.
Este era también el hombre que quedó sin aliento al ver el verdadero rostro de su princesa por primera vez."

Comentarios
Publicar un comentario